¿Qué es?
La dishidrosis palmar y plantar, que también se conoce como eccema dishidrótico, es un tipo de
inflamación de la piel que se caracteriza por la aparición en las manos y los
pies de
pequeñas ampollas llenas de líquido. Estas vesículas suelen producir picor y comezón intensos.
Se trata de una enfermedad a menudo
crónica, no contagiosa,
que presenta episodios de exacerbación y otros de remisión. Suele tener
carácter estacional, pues su frecuencia es mayor en primavera y verano.
Se trata de un trastorno que se origina desde el interior del
organismo, aunque a menudo
aparece asociada a factores externos como el
estrés o a enfermedades alérgicas como la
dermatitis atópica o de contacto producida por la exposición a diversas sustancias.
Aunque no se conoce la causa de la dishidrosis, se sabe que no es contagiosa.
¿A quién afecta?
Es común en ambos sexos y se puede padecer dishidrosis a cualquier edad, aunque
suele comenzar entre los 15 y los 30 años.
Por otra parte, el eccema dishidrótico representa el 5%-20% de los eccemas de las manos.
¿Por qué aparece la dishidrosis?
La
dishidrosis no puede contagiarse, pero su causa es desconocida. Ya que
suele aparecer en los meses de más calor, al principio se pensaba que
este tipo de eccema estaba relacionado con el sudor, pero esta teoría ya
ha sido descartada.
Sí se sabe que existen ciertos factores que propician la aparición de la enfermedad. Entre ellos, se hallan:
- Padecer dermatitis atópica u otras enfermedades alérgicas como el asma o la rinitis.
- Tener alergia a sustancias como perfumes, algunos medicamentos, níquel, cobalto o cromo (presentes en artículos de joyería, pinturas, cueros, esmaltes, objetos metalizados…).
- Sufrir estrés emocional.
- Padecer una infección producida por bacterias u hongos en la piel, pero en zonas distintas a donde aparecen las vesículas, por ejemplo y especialmente, en los pies.
- En algunas ocasiones, el embarazo puede ser un desencadenante, debido a las variaciones hormonales.
¿Cómo se manifiesta?
La
enfermedad suele empezar entre los dedos y luego extenderse a las
palmas. En cambio, es poco frecuente que aparezca en el dorso de las
manos o en la
piel de los brazos u otras partes del cuerpo. También puede aparecer en la planta y los laterales de los
pies, aunque solo en una de cada diez ocasiones afecta a la vez a las manos y los
pies.
A nivel de signos físicos, la dishidrosis se caracteriza por:
- Aparición de pequeñas ampollas (vesículas): cuyo diámetro suele ser aproximadamente de medio milímetro a dos y que a menudo causan un picor intenso.
- Descamación de la piel:
producida por esas vesículas, que en su interior contienen líquido. A
veces, esas vesículas llegan a confluir, formando auténticas ampollas.
Posteriormente, como consecuencia de la descamación, pueden llegar a
aparecer erosiones y fisuras, que pueden ser muy dolorosas.
- Irritación y engrosamiento de la piel:
se da cuando las vesículas aparecen de manera crónica y, sobre todo, si
la persona que sufre el eccema se rasca, puede producirse
sobreinfección secundaria de la piel con supuración o formación de costras, además de inflamación alrededor de la lesión.
¿Cómo evoluciona?
La
evolución del eccema dishidrótico varía de un caso a otro. Con
frecuencia, desaparece por sí solo al cabo de tres o cuatro semanas,
aunque suele reaparecer. Tras un periodo sin lesiones, el siguiente
brote puede producirse desde unas semanas a varios meses después. En
ocasiones, puede convertirse en crónico, es decir, que no llega a
desparecer del todo.
¿La dishidrosis se puede curar?
No existe una cura definitiva para la dishidrosis, pero sí existen tratamientos que permiten controlar los brotes. Según la
Academia Española de Dermatología y Venereología, normalmente se basan en:
- Aplicación tópica de corticoides de alta potencia durante una o dos semanas y, en algunos casos, de apósitos húmedos para secar las vesículas.
- En función de la intensidad de la lesión y de la fase en la que se encuentre, pueden ser necesarios los corticoides orales.
- Antibióticos: en caso de que se haya producido una infección por bacterias.
- Productos emolientes: pueden ser útiles también para paliar la sequedad de la piel o posibles grietas o fisuras; también pueden usarse cremas hidratantes de mantenimiento entre los brotes.
- Antihistamínicos orales: pueden ayudar a calmar el picor que producen las pequeñas ampollas.
- Otros tratamientos más específicos:
la fototerapia (PUVA) u otros fármacos sistémicos o tópicos se han
venido aplicando en casos particularmente intensos y con brotes
continuos. Es el dermatólogo el que valorará el más indicado en estas
situaciones.
Fuentes: